|
Mijares lava sus pies en las cálidas aguas del río Tiétar, a 400 metros de altura, y su cabellera se adorna de bonitas flores amarillas a los 2.057 metros en La Peluca.
Una enorme diferencia de altura en unos pocos kilómetros, que dará como resultado la gran variedad de plantas y animales que posee.
Las aguas del Tiétar riegan fértiles huertas donde el espárrago, el manzano, el tabaco, el maíz o el algodón han compartido espacios comunes. A poca distancia, la Dehesa, con encinas y alcornoques.
A 500 metros de altura discurre el Camino Real por el que en más de una ocasión pasaría Carlos V en busca de su lugar de descanso, Yuste. Los verdes prados, salpicados por higueras, y la C-501, casi paralela al río, rompen nuestro término de este a oeste y hacen de frontera para el olivo y el pino. El primero, ocupado por reducidos bancales, comparte terreno con los productos hortícolas. Los pinos, dueños y señores de terrenos abruptos y pedregosos, dan sombra a tomillo, jaras y helechos, y éstos a su vez son refugio de conejos y perdices y del delicioso nízcalo.
Y un poco más arriba, a 856 metros, está situado el núcleo de población, el cual está rodeado de castaños y al que cruza la garganta de las Torres. Nació a la sombra del puerto, lugar de paso para los romanos o frontera entre moros y cristianos. Si es verano se puede distinguir el verde claro del castaño, y si la visita es en otoño se pueden apreciar las diferente tonalidades amarillentas de sus hojas, amén de la exquisitez de su fruto. Subiendo por la carretera del Puerto llamará la atención el agua saltarina que desciende al lado de la cuneta.
Su destino es regar los huertos que a ambos lados de la carretera existen. Los castaños empiezan a compartir terreno con los pinos y, más arriba, éstos con los piornos, jaras y helechos.
Ambos, excelentes protectores contra la erosión y habitáculo de perdices, corzos, jabalíes, ardillas, zorros, serpientes, lechuzas, cuervos y un sinfín de pájaros insectívoros y carpinteros.
Y en el fondo La Centenera, coronada por La Peluca, testigo y vigía de este pueblo, y último reducto del águila y la capra hispánica, que de vez en cuando cambia su fisonomía desprendiendo alguna roca de su vestimenta pétrea o aparece cubierta de un blanco manto de nieve.

|